Cierto día me dirigía con unos amigos para aliviar la cruda a un famoso restaurante de mariscos en la capital. Ese rico día de domingo tome un taxi que me llevo de la Roma hacia periférico hasta Lomas Verdes.
Me tocó un señor de edad avanza y con buena salud. Tenía cierto aire a mi tío abuelo. Era de esos taxistas de vocación que llevan años operando su unidad.
Comenzamos a platicar de la ciudad y su calma, los Domingos es otra - decía. Traía mi camara conmigo y no me pareció mala idea hacer un tour fotográfico mientraz manejaba.
Me sorprendió su historia. Resulta que un día un pasajero traia un maleta gorda y abordó el taxi de este señor. Él joven comenzo a platicar de trivialidades con el taxista. Al final se bajo del taxi pero olvidó la maleta.
El taxista se dio cuenta después del tesoro que había olvidado su pasajero. Una maleta repleta de dolares. Casi un millón de dólares.
Ante el olvido quizas muchos de nosotros hubiéramos pensado. Un millón en billetes de dólares al fin y al cabo podrían ayudar a mucho, a resolver una vida económicamente difícil. Podría poner un negocio, comprar franquicias, un terreno, rentar departamentos, no sé, ¿qué harian ustedes con un millón de dólares? Lo común hubiera sido quedárselos.
Este señor ante toda expectativa regresó el dinero a su dueño y recibió cinco mil dólares como recompensa. Salió en Sábado Gigante con Don Francisco y en un sin fin de publicaciones.
Este taxista de cuyo nombre no me acuerdo pero de quien tengo tan interesante fotografía me dejo en mi destino sin antes pensar. Hombre, si el mundo esta lleno de personas avaras esperando la menor oportunidad para adueñarse de un millón de dólares. ¿Cómo es Dios que le da la oportunidad a hombres de moral tan gruesa como esta? Si este hombre es tan famoso como me dijo serlo es porque no hizo lo que cualquiera de nosotros haría.
La vida no se mide en cuantos millones podramos acaparar. De repente llega un señor venido de un taxi, dispuesto a servir como lo hace Dios para decirnos... mira, renunció a un millón de dólares porque mi alma no entiende de posesiones materiales sino de integridad espiritual.
Todos somos parte de una nación, de una unidad. Al final si yo tengo éxito es porque tú me lo has permitido. Nada en la vida esta desconectado, somos una red, una conexión invisible, mas allá de nuestro entendimiento se unen nuestras acciones con el cosmos. Esta red ha existido desde que se creo la humanidad y gracias a señores como este se conserva el equilibrio.
Piénsenlo antes de ganarse un millón de dólares. Si lo tienes es porque muchas familias han trabajado para que lo logres. Es tú parte devolver esa ganancia a la sociedad que te ha permitido estar donde estas. Un viejo taxista renunció y su alma esta en paz. Ahora admiro a este hombre, si todos fueramos un poco como él no tendríamos los problemas que tenemos ahora.
¿Qué hay después del bien estar espiritual y físico? ¿El lujo? Podría renunciar al famoso iPhone 5 si a cambio se le da de comer a un sin fin de niños hambrientos, al final producirán bien a nuestra nación. Si ellos estan con bien también nosotros lo estaremos. Menos rateros, mas conciencia. ¡Focus!

